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miércoles, 16 de mayo de 2007

De la Piratería.

A los tiempos que intentaré escribir algo que no tenga que ver con política, y es que si bien me apasiona, entretiene a veces divierte, también es bueno respirar un poco de otras cosas, y así regreso con fuerzas sin amargarme.

Ayer vi en un noticiero un reportaje sobre un enfrentamiento entre vendedores de mercancía pirata, específicamente película y música, y la policía en El Salvador, graves diturbios y saqueos, todo porque el gobierno ha emprendido una fuerte campaña en contra de esta ilícita actividad que emplea a millones de personas en el mundo y por lo menos acá en Quito a una familia por cuadra.

La gente solo protege su derecho al trabajo, de lado y lado, desde mi perspectiva, los aritstas su derecho a obtener ganancias por su trabajo, las disqueras por promocionar este trabajo y los vendedores por vender una mercancía que poco les importa si es ilegal o no, o si mata el arte o no, ya que con esta actividad dan de comer a sus familias.

El asunto es complicado, y antes de intentar dar una posición al respecto tengo algo que admitir y es que yo efectivamente he comprado muchas películas piratas, por varias razones, para empezar porque me parce muy caro e inaccesible adquirir una película que cuesta entre $10 y $25, gran costo para la economía de estudiante que aún mantengo, eso en comparación con el costo de $1.50 o 2.00 de la mercancía pirata. Peor los juegos de Play Station, que alterados cuestan lo mismo que una película pirata y un original en un centro comercial en Quito cuesta entre $50 y $75.

También hay que señalar que el mercado de películas piratas es mucho más amplio que el taquillero e infantil mercado de películas originales en la actualidad, en el que en pocos lugares hay como entcontrar ciertas películas y no todas; como ejemplo de lo anterior diré que mi buena amiga Pame no encontraba en ningún lado la película de Luis Buñuel "Ese Oscuro Objeto del Deseo", misma que en la tiendita de cine-arte pirata en la que yo compraba si había (gran película por cierto, sabe como provocar ira).

Un punto positivo sobre la piratería sería en consecuencia que pone al alcance del público todo tipo de cine, es decir le da accesibilidad a la cultura, claro, para muchos también a la cultura del delito.

Dos puntos adicionales sobre esto, para empezar una persona que compra cine viejito, como yo y mucha otra gente, efectivamente no tiene donde encontrar material así, así que en cierta medida estamos forzados a acudir a estos lugares (si, ya se, que sinvergüenza el man, pero ni modo), y el problema más actual sería el que enfrenta a la sociedad que consume estos productos pero de películas o música recién sacadas del horno, es decir toda la plata que perdió el productor de spiderman 3 con la venta de us películas libremente en las calles de Quito o en las tienditas de El Salvador, que probablemente sea nada, no solo para él, sino nada en general, porque si efectivamente se saca del comercio este producto pirata, la gente común con un ingreso escazo, no iría a comprar la película en su supermercado más cercano, porque no tiene para pagar lo que cuesta, así que si es por plata, la piratería en Latinoamérica no perjudica a las productoras gringas.

Finalmente hay quienes si se ven perjudicados, en su mayoría artistas de nuestro medio, quienes viven de sus pocos momentos de éxito, quien si se ve mermado por la piratería, ya que gana en virtud de la cantidad de discos vendidos, a ellos si les perjudica este sistema institucionalizado de compra pirata, sobre todo en la música, y es que los artistas no viven del aire o de las musas.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

La Ley de Herodes


Esta tarde tuve la oportunidad de ver la Ley de Herodes, película mexicana en la que se analiza el tema de la práctica política desde una perspectiva cómica pero sobre todo triste, ya que muestra una realidad de todos los días para el tradicional político latinoamericano de barrio, pueblo, ciudad y país.

Los supuestos valores arraigados en un hombre sencillo, se ven arrasados por la tragicómica realidad política que lo rodea cuando de la noche a la mañana adquiere un poder para el que no estaba preparado.

Vargas (el personaje principal) vive de las migajas que le lanza un partido que empieza a convertirse en la maquinaria política que terminaría concentrando el poder en México por más de 70 años, esperando una oportunidad de demostrar su capacidad para ejercer cargos públicos, y a través de ellos concretar los postulados de modernidad y justicia social que embandera su partido.

Lastimosamente es él a quien no le durarán mucho sus expectativas de orden y progreso, y más bien se convertirá prácticamente de la noche a la mañana en uno de los peores gobernantes municipales en llegar a uno de los pueblos más miserables que pueda uno imaginar, justificando los medios más corruptos para sin tener claro cual es el fin, el mismo que al concluir será el de creerse un híbrido entre salvador, benefactor y dueño del pueblo.

Este comportamiento se repite en varios de los personajes, quienes aprovechan su escalafón en ejercicio del poder para hacer y deshacer a voluntad, práctica que es común en nuestros gobernantes, pero que lastimosamente no termina necesariamente mal ni por intervención de la justicia divina, y mucho de estos no suelen concluir juzgados o muertos, sino como Vargas, premiado por el azar y aumentando su poder cada vez más.
Así pues el consejo sigue siendo válido para los que se inmiscuyen en política sin la preparación adecuada y solo quieren sobrevivir sin ayudar a nadie más que a ellos mismos: apliquen la Ley de Herodes – o te chingas, o te jodes -