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miércoles, 13 de junio de 2007

Que asco da la Administración de Justicia


Es terrible.


La profesión de abogado no consiste en buscar la justicia, ni el abogar por una persona tampoco, sino en conocer cada uno de los oscuros pasajes de la ley muy bien, pero ser mejor aún en aquellos aspectos que no tienen que ver con la legalidad.

Es evidente que escribo con la sangre en el ojo, y lo hago porque las situaciones que se dan en la práctica del ejercicio profesional del derecho al parecer están más allá del bien y del mal.

La burocracia es un problema solo cuando los burócratas son incompetentes, ineficientes e ineficaces, no hablo de su indolencia tan siquiera, porque no les pido que se apersonen de los problemas, pero por lo menos si que despachen con mediana efectividad todo aquello que les corresponde.

Nunca había hecho un trámite penal, y tal vez peco de novato en esa parte del sistema, pero sin lugar a duda es el área más truculenta que hay.

Todo el mundo pide documentos irrelevantes, absurdos y desde el juez con más poder hasta el último de los conserjes, pasando por los todo poderosos fiscales y por cada uno de los agentes de policía tiene algo que ver en trámites administrativos que muchas veces ni entienden, pero sobre los cuales hay que dar la razón a todo funcionario que mete pico en el asunto, para no caer mal, para poder obtener un resultado, para sacar a un inocente de la cárcel o para evitar que un culpable se fugue.

Alguna vez cnversaba con un amigo y colega, y el me decía que es necesario el don de gentes y que si de eso depende obtener un buen resultado eso hay que ser. No comparto.

¿De cuándo acá es necesario ser el tipo más simpático del universo para que un funcionario cumpla con su trabajo? Si yo voy a una oficina es para presentar un documento del que espero una respuesta que apunte a alguna dirección con la simple codición de que se apegue a derecho. Claro si soy amigo de algún funcionario que bueno, pero yo no voy a las dependencias públicas a hacer amigos necesariamente, voy simplemente a hacer un trámite.

Entiendo que a alguien educado, con buena presencia, con 'don de gentes', se le reciba mejor, pero si el llegó depués de mi, se lo atiende después y punto, si su trámite es el 41638, en ese puesto se lo atiende. Claro eso no sucede, y no sucederá.

Conescuentemente soy un tipo educado, respetuoso y hasta coqueto si es necesario para lograr ser atendido, y tengo que especificar que buco que se me atienda legalmente y no por delante de nadie que haya llegado antes que yo, pero tampco permito que nadie se me cole como se dice vulgarmente. No se que tan bien me salga, generalmente soy un buen tipo con mis panas, como todo el mundo, pero no me ha ido tan mal hasta ahora, sin embargo no me gusta.

No me gusta porque tengo que mantener una sonrisa idiota de nueve a seis para lograr que se de trámite a cualquier huevada, y cuando no sale igual mentenerla y seguir intentando sacar adelante situaciones en las que casi siempre hago las cosas bien y apegadas a las normas, pero que aún así no valen, claro si le puteo a alguno por incompetente se me caga la profesión y no vuelvo a sacar nada hasta que se muera el último de los funcionarios que recuerden el incidente.

Que vaya a sacar veintemil copias más de la cédula, que se necesita la firma del todopoderoso sastre de la esquina, que no me puede entregar directamente a mi, primero tiene que ver la secretaria (quien literlamente ve la primera hoja sin leer del el expediente y le pasa al que yo le di que está en el escritorio de junto), que regrese en media hora, vea acá se atiende de 9 a 12 (aunque llegaron a las 10 y aún es 11 y 50), que baje al primer piso, que no es aquí sino en el quinto, que regrese nomás al cuarto, que falta que revise cualquier diablo, que no vino, que el juez está prófugo y no hay quien firme, que hay que darle para los gastos o reconocer las molestias del que le ayudó, o la mejor que alguna vez me contó un compañero de la u hace algunos años, no sea malito vea acá no estamos para servirle.

Llegué a una conclusión personal y a una laborales. La primera es que no voy a hacer más penal aunque me toque migrar a recoger coles a Murcia, eo es mucho más digno definitivamente que hacer algo que no me guta y en lo que me toca hacer cosas que con las que no comulgo.

La laboral es que el abogado penalista o es un hombre decente, trabajador, con voluntad, que sufre y exige (que los hay, conozco unos pocos, ahora justamente hablaba con uno que es un ejemplo de la profesión) o bien son una tarea de pillos que solo sirven para hacer las cosas en base al compadrazgo, a la coima y a la brava.

Solo quiero que en lo que estoy termine, para poder retirarme de esta parte del ejercicio y vivir una vida tranquila y honesta, así que si alguien busca un abogado en esas condiciones me escribe, porque por lo visto necesitaré trabajo.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Gracias Dios por la estupidez de Lucio.


Si, por sus mismas estupideces al cachetón le destituyeron los diputados de su nefasto partido así como a otros más de otros igual queridos., y aunque vendrán sus sustitutos, ya es una lección para este sujeto.

No se puede jugar al poder ilimitado por siempre, no lo aprendió el 21 de abril, y me temo que el nefasto personaje tiene lento aprendizaje, con el respeto de quienes si sufren de este mal.

Por fin te equivocaste dictócrata, pusiste a una persona en un cargo, y esta persona no se dejó mangonear como tus títeres del congreso, tu hermano y otros personajes de indeseable recuerdo que pasaron por tu mediocre gobierno.

La discusión legal es muy simple, para variar el Congreso viola la Constitución (por enésima vez), esta vez se mete con el organismo que los puede destituir, craso error sobre todo del pelado Larreátegui, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del H. Congreso Nacional (¿H por hijue…?), craso en él porque es un hombre inteligente y un jurista respetado que no se dio cuenta que por andar con la Constitución bajo el brazo era utilizado para cometer cualquier barbaridad, siempre favorable a lo social cristianos, a Avarito o al tarúpido, digo, dictócrata, y con estas acciones el demócrata cristiano (Larreátegui) está acabando de matar a un partido que sobrevivió un golpe más fuerte, pero que se vio abandonado por su propio presidente nacional (Op Cit).

Las normas legales abundan para ponerse a cualquier lado para variar, pero en este caso no solo que pesan más a favor del Tribunal, sino que también el Congreso está abandonado por su necedad, ya que dudo que mañana salgan multitudes a apoyar a estos diputados con el prestigio que tienen.

El gran ganador de la pelea de comadres, Correa, quien se encontró con un tipo honesto (hasta que se demuestre lo contrario) de Sociedad Patriótica como presidente del Tribunal Supremo Electoral, y que hizo lo que el no pudo, mandar a los diputados a su casa, al menos a 57, que ya es bastante.

Ahora está en sus manos, si, porque el Congreso pedirá que los vocales que por inconstitucional resolución son destituidos sean sacados de sus cargos con la Policía, al igual que ya lo hizo el TSE, que pidió el mismo tratamiento para los diputados que destituyera.


Más claro ahí te quiero ver Correa, cumple, aunque sea de carambola cumple lo que prometiste, mandarlos a su casa, cumple Correa, algo, para que parezca que no solo sigues de campaña.

miércoles, 21 de febrero de 2007

De los periodistas deportivos y sus conceptos.


Escuchaba yo las noticias deportivas en Canal Uno del mediodía, narradas por un periodista deportivo de quien desconozco el nombre uno de bigote nomás, en fin…

Informaba el profesional sobre la separación del Barcelona del técnico Ángel Ramón Bernuncio (no se si se escriba así), y opinaba al mismo tiempo, por lo que su labor informativa tenía una responsabilidad aún mayor, puesto que la opinión que se da en los medios sirve para formar a su vez la opinión pública.

La noticia del saliente director técnico del Barcelona estuvo medianamente bien hecha, pero luego el periodista empezó a dar juicios de opinión sobre otros aspectos del cuadro amarillo, refiriéndose principalmente a las sanciones que la directiva del club debe imponer a los jugadores que se ausenten injustificadamente de los entrenamientos.

Hasta ahí, iba bien el asunto pero de repente, el señor periodista concluyó su pobre análisis con un terrible error de concepto, al menos para mi, puesto que dijo que el jugador Lastra debe ser sancionado igual que Paredes (de ellos era la noticia) por ausentarse sin justificación y que además (ahí va) el jugador deberá probar que no ha estado donde se indica que se lo ha visto.

¡¿Qué?! O sea que para este profesional de la información, el principio de inocencia no existe. Es evidente que el jugador se ha ausentado y debe ser sancionado, si, pero de ahí a que cualquier persona diga que lo ha visto desmandándose en una fiesta y que por eso no fue a entrenar e inmediatamente sea cierto, no se puede aplicar. Además le informo yo a este señor, que quien acusa es quien debe probar, por lo que si yo digo que he visto a Lastra en fiesta, YO debo probarlo, y no él.

Si un jugador es acusado mañana de que no fue a entrenar porque se lo vio en Japón drogándose, para este periodista será cierto mientras quien sea acusado no pruebe que efectivamente no se puede teletransportar a Asia drogarse ahí y regresar.

Por Dios, que manejo de principios básicos es este. Lo malo insisto es que así se crea opinión pública y mucha gente verá bien que este futbolista inmoral sea castigado, no por no haber asistido a entrenar, sino por haber estado en fiesta, ya que esa idea es la que se va a quedar entre el público que ve el programa.


Esta es evidentemente una carga cultural, ya que en este país es fácil llamar a cualquier persona ladrón, corrupto o asesino, sin que el que acusa demuestre porque lo ha hecho, y además dañando la honra de quien se habla sin posibilidad real (no legal esa si está consagrada en letra muerta) de resarcir el daño.

miércoles, 7 de febrero de 2007

De las nacionalizaciones


El proceso ordinario de nacionalización en Ecuador es largo y tortuoso, ya que como en cualquier otro país del mundo, quien aspira a adquirir una nueva nacionalidad, y convertirse en un ciudadano con similares derechos y obligaciones que cualquier otro que ya los goce por el hecho de haber nacido en el territorio o por ser descendiente de conciudadanos, debe comprobar su idoneidad, amor al país, patriotismo, además de ser un dichado de virtudes, lo que implica que este extranjero que se somete a este procedimiento realmente se la juega, en principio, por amor a la camiseta.

Vemos como ejemplo los engorrosos trámites que deben llevar a cabo compatriotas quienes deciden adquirir la ciudadanía estadounidense, o quienes llegan a España.

Claro, tal vez no lo hacen por un total amor al nuevo país, pero entre que si han llegado a quererlo, y la conveniencia económica se someten a procesos que duran años, y que empiezan consiguiendo la residencia, y concluyen años después con la jura de la nueva bandera.

En todos los países hay trámites “abreviados”, digamos, que permiten que la persona en cuestión obtenga la nacionalidad con mayor facilidad que si la buscase por la vía ordinaria.

Ecuador no es la excepción, y así, la ley de la materia prevé que una de las formas de adquirir la nacionalidad consiste en aquella en la que el Estado otorga este privilegio a una persona por sus valiosos servicios prestados a la nación.

El caso que más conmovió al Ecuador en los últimos años, debe ser el del conocido personaje Tony el “Suizo”, quien llegó a construir puentes en los sectores más olvidados del país, y que sin lugar a dudas se ganó este privilegio por mérito propio.

Ahora que en nuestro querido país, tenemos que tergiversar todas las instituciones, y esta no podía ser la excepción, y en consecuencia, tenemos que ver que a la altura de Tony el “Suizo”, están Carlos “Cuqui” Juárez, Gilson de Souza, Ariel Grazziani, Cristian Carnero, Cristian “Camello” Gómez, Cristian Botero, Javier Klimowich, Washington Aires, Alex Escobar, Marcelo Velazco, Carlos Espíndola, y ahora se suma el portero de EMELEC Marcelo Elizaga, entre muchos otros que se me escapan en este momento, y cuyos servicios han sido netamente futbolísticos.

Claro, para muchos apasionados del fútbol el desempeño de estos profesionales debe ser digno de ser premiado con nuestra ciudadanía, aunque muchos ni siquiera hayan pasado muchos años aquí, y aunque otros siendo ecuatorianos no vivan aquí después de terminar su carrera futbolística, y aunque en muchos casos sea meridianamente claro que lo único que buscaban estos conciudadanos era no ocupar plaza de extranjero y quedarse más tiempo en el país.

No dudo que algunos de estos decidan quedarse en el país, pero serán contados con los dedos de las manos, puesto que el patriotismo se les acabará a muchos con el último sueldo. Ojalá me equivoque y su comportamiento demuestre que llevan al Ecuador dentro de su espíritu, y no solo les dure pocos años.

Como siempre es una pena que en este proceso de deterioro social no se salven ni siquiera las instituciones en las que reside la mismísima soberanía, ya que otorgar la carta de naturalización a un nuevo ciudadano es tan importante que es entregada por el Presidente en persona, e implica que alguien es digno de llamarse ecuatoriano, más aún si la causa es por servicios relevantes prestados, que en el caso de Marcelo Elizaga, son por su ayuda a los niños del Ecuador, especialmente del Guayas”, y “por sus méritos deportivos.

miércoles, 31 de enero de 2007

Uno más Uno… ¿Cuánto quiere que sea?

Una conocida broma en el mundo de los abogados calza perfectamente para la situación de la Asamblea Constituyente.

Así es, en las últimas semanas hemos escuchado todo tipo de comentarios, opiniones y análisis jurídicos sobre si la Asamblea Constituyente puede ir o no. Y es que tantas han sido las posiciones y de tan diversos sectores, que cuando se las escucha ya no convencen, por si mismas, sino solo en virtud de si la Asamblea nos parece buena o mala idea, o pero aún, si esta es auspiciada o refutada por el político de nuestra preferencia ideológica o pragmática.

Hay posiciones para todos los gustos pues, y así tenemos desde las que dicen que no hace falta ni consultar al pueblo, porque la Declaración Universal de Derechos Humanos prevé el derecho a la rebelión contra la tiranía, no en uno de sus artículos, sino como uno de los fines mismos este instrumento internacional de derecho; también está la que sustenta que la consulta implica que el poder que se otorgue a la Asamblea será de plenos poderes, puesto que sería ridículo dar capacidad de modificar una Constitución, y jugar bajo sus reglas, siendo que se las quiere cambiar, esto según la doctrina del Derecho Constitucional; otros dicen que no es así, y que la Constitución solo debe ser modificada en su parte orgánica únicamente y no dogmática, por lo que las atribuciones de la Asamblea deben estar en una agenda, para que así los asambleístas cumplan sus funciones eficientemente; inclusive hay quienes dicen que no hace falta Asamblea y que las reformas deben ser hechas por el Congreso, ya que éste tiene esta prerrogativa en la Constitución actual.

En cuanto a la forma de llamarse a la misma, hay quienes dicen que el pedido del Presidente debe pasar por el Congreso, pues la Constitución actual manda que en temas de reforma constitucional toda consulta debe pasar por el Congreso, según en Art. 104 número 1, en concordancia con el 283, puesto que en el fondo lo que se busca es cambiar la Constitución, e implicaría la presentación de un texto constitucional previamente elaborado; mientras que otros dicen que amparados en el Art. 104 número 2, el Presidente puede llamar a esta consulta porque ésta no modifica por si misma la Constitución, y además es un asunto de trascendental importancia.

Estos son a muy breves rasgos las posiciones jurídicas que se ha dado a lo largo de esta discusión que ya tiene algunos meses.

Lastimosamente para los que somos abogados, esta multiplicidad de criterios no enriquece el pensamiento jurídico del país, y más bien no beneficia en nada a la conformación de un criterio jurídico básico en el pueblo, por lo que parecería que más que juristas somos partes en conflicto, ya que estamos abogando por intereses de otros, y no siendo jueces de nuestro destino.